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“Soy quien soy.
Una coincidencia no menos impensable
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El poder arquetípico
20 Abr 2016

El poder arquetípico

Post by Rowena Hill

El Universal, junio 1998

En estos días, en un seminario en Mérida sobre ‘pensamiento latinoamericano y europeo’, muchos de los asistentes afirmaban que la distinción era innecesaria porque la ‘filosofía’ es universal. No me parece. Creo que el pensamiento que nace (la importada es otra historia) en cualquier lugar lleva las señas del entorno físico, de las costumbres de la gente, de las imágenes arquetípicas específicas que rigen sus visiones y reacciones,y sólo al nivel más abstracto puede ser asimilado al de otros orígenes. Esta falta de claridad sólo puede intensificar la confusión que surge entre el nivel de las especulaciones y el de responsabilidad real cuando se trata de la ética, y de decisiones como puede ser también la de votar por un determinado candidato presidencial.

La figura de Hugo Chávez tiene una carga arquetípica asombrosa. Si Irene Saez, como bien lo explicó Alicia Torres hace un tiempo en este mismo espacio, representa la diosa, Chavez es su homólogo masculino, el rey/héroe. Juntos constituirían la pareja divina, dueños de todos los poderes del cielo y la tierra, y allí tendría que ser un ‘hijo’ demasiado luminoso con otras luces que se les pudiera oponer con éxito. Pero Irene Saez es una diosa excesivamente buena, asimilable al arquetipo de la Virgen María; es todo amor y nada de sombra. Chávez, en cambio, representa los dos lados.

Primero, por su apariencia, sobre todo en las fotos que se conocieron después del fallido golpe de estado, representa al indio Guaicaipuro, u otro de la corte india en el culto de María Lionza, y en ese contexto es reconocido que los indios son los espíritus más nobles; son los que injustamente perdieron su poder original y que vigilan y protegen a la gente (al pueblo) contra invasiones y abusos.

Pero más importante y más poderosa es la fácil asimilación de su imagen, también por su pasado de insurrecto, a la del Libertador. La ubicuidad de Bolívar, en imágenes plásticas, en citas de sus palabras, en referencias a su persona y su obra, es uno de los hechos fundamentales de la realidad venezolana, que a menudo es explotado por los políticos para reforzar su autoridad. La complejidad de la relación del Libertador con su pueblo es explorada en detalle por Michael Taussig en The Magic of the State; lo citaré brevemente: «el constante llegar-a-ser del Estado descansaba… en el constante desaparecer del cuerpo del Libertador en el cuerpo del pueblo, y este mismo desaparecer dependía de una capacidad no sólo de resucitar continuamente su imagen, sino también de ser poseído por su espíritu en virtud de esa imagen»… «el discurso Presidencial asume la presencia vital, temperamental de este espíritu divino, validándola como una fuerza que no sólo vive en el presente sino también en medida crucial lo crea.» Según Taussig, además, la relación constituida del Libertador con la Reina de los Espíritus, que representa en parte su sombra, hace que él mismo pueda encarnar sus «poderes pavorosos y sagrados de transgresión». Así es el campeón no sólo de los gobernantes sino también de los marginados. El que Chávez se pueda enchufar en esa corriente que penetra y circula por todo el ‘cuerpo’ de la nación, le confiere una autoridad muy grande.

La corte libertadora consiste no sólo de Bolívar y los demás héroes de las guerras de la Independencia (de las dos bandas) sino también de otras figuras más oscuras de la historia del país, como por ejemplo ‘Juan Vicente’. Sus resonancias amenazadoras no son separables del arquetipo.

Volviendo al problema ético: frente a una decisión, en este caso el voto, ¿cómo puede una persona que quiere respetar los ímpetus autóctonos del país, que está  ella misma sumida en ese cuerpo donde nacen y se mueven, sopesar su validez y sus implicaciones para el futuro, en relación a las consideraciones posiblemente muy diferentes que impone la razón (para utilizar la palabra más fácil)? En este contexto las fronteras entre ilusión y realidad, historia e imaginación son muy borrosas. ¿No es éste un problema de aquí (latinoamericano pero tampoco de toda Latinoamérica), que habría que resolver con un pensamiento que pertenece a esta región y del cual el pensamiento ‘universal’ pasaría por alto toda la sustancia? En estos meses habrá mucha gente que está  buscando la respuesta.

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