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“Soy quien soy.
Una coincidencia no menos impensable
que cualquier otra.”

Wislawa Symborska

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Jet lag
20 Jun 2016

Jet lag

Post by Rowena Hill

El Universal, agosto 1998

Es bien conocida la sensación de aturdimiento que resulta de un viaje largo – al otro lado del mundo – en avión. Quien más, quien menos, sentimos que dejamos atrás una parte sustancial de nosotros, que después de un cierto tiempo se nos reintegra. La condición del jet lag no es propiamente un trastorno sino una especie de ausencia, un no sentir de manera nítida los contornos de nuestro yo, quizás porque ha sido arrancado de manera brusca del medio ambiente que lo definía. No dejamos de funcionar: atendemos los negocios o participamos en reuniones de trabajo, y nuestros cuerpos y mentes nos proporcionan las respuestas necesarias, sin alteraciones mayores, a pesar de que nos parece a momentos desenvolvernos en un espacio extraño y rodeados de un leve eco.

Tampoco en lo que concierne las ideas, aplicadas o académicas, apreciamos alteraciones mayores. Es en lo emotivo que empezamos a sentir efectos más importantes – transitorios siempre, aunque si nos descuidamos puedan producir consecuencias indeseadas – de la ausencia de nuestras fronteras internas habituales. A menudo nos volvemos más sensibles, reaccionando con arrebatos de sentimiento o resentimiento exagerados a contactos casuales, reencuentros con viejos amigos o familiares, noticias inesperadas, cambios en los lugares. Es un estado de regresión, quizás, parecido a la sensibilidad de la infancia; podría ser una condición necesaria para la ampliación «imaginativa» que para mí es otro efecto, el más importante, del jet lag.

El estado anímico a que me refiero puede tener también otros causantes; lo especial en el caso de los viajes es la relación con los lugares. A momentos la interferencia cerebral, que normalmente tomamos por discurso inteligente, se pierde o se relativiza al punto de no importar, y percibimos con los sentidos del alma (por decirlo de alguna manera). Fuera de nuestra voluntad, esas percepciones se configuran en forma de mito, uniendo lo personal y lo impersonal, pasado y futuro, en una inmediatez brillante. Caminamos en el reino de los dioses y los demonios.

Hice un viaje a un país – a unas islas – muy lejanas. Entre la ofuscación general que tenía encima durante prácticamente toda mi estadía, percibía conmovida imágenes y trazos de una tierra ideal, un lugar donde todavía vale el contrato social entre la gente, donde ríen mucho y comparten el sentido de humor, donde se puede creer lo que dice el otro, donde existe una sincera y calurosa intención de amistad con el desconocido, donde los niños son felices y tienen la compañía de padre y madre en sus pequeñas aventuras. Allí hay tiempo para la cortesía, para hacer las cosas bien y con amor, para comer pausada y gozosamente. Casi no hay tráfico, pero existen todos los dispositivos de la última tecnología para hacer más fácil la vida. El ambiente que habita y disfruta esa raza de afortunados tiene una belleza natural vasta y conmovedora: inmensas playas solitarias donde recoger caracoles iridiscentes, llanuras fértiles, montañas nevadas con valles y lagos misteriosos, selvas primordiales donde cantan espléndidos pájaros.

¿Un paraíso similar no fue en algún momento entrevisto – casi prometido – aquí también? Los neozelandeses dicen que su país está en decadencia; y a la luz de la razón, es cierto. (No me meto aquí en esas complejidades, que comprenden por supuesto la situación de los maori.) Sin embargo los rasgos de esa visión corresponden a algo que la realidad de ese país, en medio de su descomposición, todavía al menos sugiere. ¿Será que todos los países de la tierra tienen que tomar el mismo miserable camino de la codicia económica y la destrucción ambiental? ¿Los paraísos son por definición perdidos y los vislumbramos sólo a medida que se alejan? ¿O será que estamos sometidos a un proceso de entropía irremediable de lo social y dentro de poco, ni siquiera existirán los elementos para que bajo los efectos del jet lag percibamos una sociedad unida y generosa, compenetrada con su territorio?

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