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“Soy quien soy.
Una coincidencia no menos impensable
que cualquier otra.”

Wislawa Symborska

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Mundo binario
20 Jun 2016

Mundo binario

Post by Rowena Hill

El Universal, agosto 1998

Podría ser que las ‘ecuaciones yin/yang’, para llamarlas de alguna manera, representen en medio de las preocupaciones apremiantes del día una obsesión ociosa; pero quien ha aprendido a enfocar el mundo según la perspectiva del juego de estas dos fuerzas, difícilmente puede dejar de hacerlo. Le sirve inclusive para descansar la mente. De alguna manera lo hacemos todos. El aspecto más significativo de nuestra existencia individual (a parte el hecho mismo de existir, que la mayoría da por descontado) es nuestra pertinencia a uno u otro género. Cuando se criticó a Freud por insinuar que las personas ven en cada objeto convexo un pene y en cada objeto cóncavo una vagina, él contestó que según su experiencia eso era exactamente lo que sucedía.

Para los chinos la primera fisión en la realidad absoluta (el Tao) produce los dos signos ‘yin‘ y ‘yang‘; la filosofía, la medicina, las artes marciales de la antigua China, se tejen en base a imágenes de lo femenino y lo masculino. En el mundo cristiano, nos complicamos con Dios y el Diablo, una oposición de menor jerarquía (los dos son de descendencia predominantemente masculina). Sin embargo, nuestros antepasados occidentales reflejaban en su panteón, en la forma de dioses y diosas, buenos/as y malos/as y de las relaciones entre ellos, todos los afectos y los poderes que el mundo encarna.

Según los mitos (o según nuestra interpretación actual de los mitos, es decir, nuestro mito, configurado en base a las presiones y dislocaciones en los vínculos entre masculino y femenino que nosotros mismos vivimos), en el comienzo, en el ‘tiempo de antes’ de Paz, estaba la gran hembra fecunda, madre, amante y devoradora; y el macho se definía según sus relaciones cíclicas con ella. La historia se funda cuando el hombre somete a la madre (empieza a imponer su voluntad sobre la naturaleza), creando la perspectiva del progreso. Actualmente muchas personas, sobre todo, pero no sólo mujeres, les echan a las actitudes ‘patriarcales’ la culpa del desastre ecológico y de los desequilibrios sociales del planeta, e incluyen como blanco de su censura a los hombres, colectivamente y como individuos. El odio por ciertas actitudes dominantes se expresa en términos de repudio de violencias y violaciones físicas y termina manifestándose como rechazo del órgano masculino. Así como los hombres, en el tiempo histórico de su dominio, tapaban con tabúes (y a veces con cinturones de castidad) el hueco anárquico de la mujer.

Pero no es solamente en los discursos sobre los cuerpos sociales de la humanidad que se manifiesta la percepción de todas las cosas como marcadas por el género. Está en la base de los idiomas, aunque ya no entendemos porque la palabra ‘cuenco’, por ejemplo, debe ser masculina y ‘espada’ femenina. Las distinción se aplica hablando también de estilos en la escritura: el del poeta Robert Browning es masculino y el de John Keats femenino. En inglés las rimas entre las últimas sílabas de los versos (que marcan un ritmo más fuerte), se llaman ‘masculinas’, mientras las que abarcan dos sílabas (más suaves) son ‘femeninas’. Los animales, según las varias tradiciones (y a veces según diferentes contextos de la misma tradición), tienen uno o otro signo y son asociados con sus poderes. Según el horóscopo chino, rata, caballo y perro son yang mientras búfalo, cabra y cochino son yin. El dragón, animal virtual, también es masculino. Excepto, que yo sepa, la alemana, que las pone al revés, las culturas y lenguas europeas identifican al sol como masculino y a la luna como femenina. En la India los dos son hombres.

El color blanco puede representar la perfección del resplandor (masculino) así como la aniquilación de la conciencia (femenina). El negro tiene una ambivalencia parecida. Con estas últimas imágenes nos estamos acercando a la dimensión poética donde las percepciones personales pueden atribuir signos contrastantes al mismo tiempo al mismo objeto. Un  árbol, por ejemplo ¿es más hembra por la copa generosa o más macho por el tronco erguido?¿Y el mar? Es abismal y feraz como la madre pero acaricia la tierra con fuerza muchas veces viril. Un carro será masculino o femenino según se piense en su capacidad de contener o en su pujanza. ¿Y una pelota?¿O el gol?

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