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“Soy quien soy.
Una coincidencia no menos impensable
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Wislawa Symborska

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Sobre perros y gatos
20 Jun 2016

Sobre perros y gatos

Post by Rowena Hill

El Universal, octubre 1998

 La larga historia de las relaciones entre los hombres y los animales se ha basado sobre todo en las necesidades del hombre: los animales han trabajado para el hombre, cazando, arando, transportando, cuando no han sido su presa y comida. Sin embargo, muchas veces en esos mismos contextos existe un elemento en la relación que desborda lo puramente práctico e interesado, una especie de empatía cuando no de afecto; y cuando observamos el lazo que se establece entre ciertas personas y sus animales domésticos, sus mascotas, nos damos cuenta de que representa una forma bastante compleja de compenetración. Estamos muy acostumbrados a ver mascotas en las casas, no nos fijamos en lo particular de esa costumbre. ¿No es maravilloso que dos, o más, especies convivan de esa manera? ¿Que el animal adquiera una confianza tan grande en un ser ajeno y tanto más grande que él y esté dispuesto muchas veces a sacrificarse para defenderlo? ¿Y que el ser humano responda a su entrega y dependencia (cuando responde; cuando no, es una traición grave) con complacencia y amor? Un amor parecido al que se tiene a los hijos pero teñido al mismo tiempo por el reconocimiento de la diferencia, el abismo entre nuestra figura humana y la naturaleza peluda, terca, muda del animal.

Algunos ‘psicólogos’ dicen que el afecto hacia una mascota no es sino una proyección, un sustituto por otras relaciones empobrecidas. Cualquiera haya amado un animal (siendo o no perfectamente feliz en su vida afectiva humana) sabe que la aserción es absurda. El amor de un animal consuela, sí, pero tiene su propia realidad. Otros dicen que no les gustan los animales. Allí me convierto yo en psicóloga y les pregunto, ¿qué es lo que temen? ¿el animal en ustedes que ven reflejado en un perro? ¿O se sienten presionados por tener que compartir su espacio con seres ajenos?

Para mí ese compartir, esa compenetración, representan una realización, por mínima y marginal que pueda ser, de nuestro verdadero cometido como seres conscientes en esta tierra. Ese amor que, como dice Dante, «mueve el sol y las otras estrellas», en nosotros tenía que madurarse como compasión y convicción de afinidad con todo lo viviente, contagiando los otros seres que nos rodean. Establecer un lenguaje común, sin violencias, con un caballo, lograr que perros y gatos convivan cariñosamente (o una tigresa con un hombre y con una perrita autoritaria, como lo hizo Arjun Singh, guardabosque de un parque nacional en la India), es transmitir un poquito de la luz amorosa atrapada en nuestras mentes.

A la hora de escoger una persona su mascota, intervienen (además de las obvias consideraciones prácticas) preferencias reflejadas en imágenes y asociaciones antiquísimas. Sobre todo parece que existe una división bastante clara (¿en parte hereditaria?) entre las personas que prefieren los perros y las que favorecen los gatos. Sin más juicios o análisis (que cada uno se identifique donde le parezca), voy a enumerar algunas de las distinciones que tradicionalmente se han establecido entre esas dos especies.

En línea general, el gato es un símbolo femenino. Por sus ojos cambiantes y su elegancia sigilosa, se asocia con las fases de la luna y el esplendor de la noche. Tiene muchas connotaciones negativas (no debe sorprender que lo femenino equivale según mitologías generalmente patriarcales a lo negativo, a veces lo malévolo). Para los chinos el gato es un animal yin, nocturno, poseedor de poderes malignos. Sobre todo el gato negro, compañero de brujas, representa la desgracia, la enfermedad y la muerte. Sin embargo, la asociación con la oscuridad no es siempre negativa; el gato tiene poderes de transformación y puede representar la preñez. Es atributo de diosas, de la Diana greco-romana y la Freya escandinava. Imagen profunda y misteriosa, entonces, que desafía las convenciones establecidas.

El perro, más robusto y hasta tosco, como imagen es algo complejo. Los perros negros también se asocian con poderes diabólicos; y una de las funciones constantes del perro en las mitologías (de la griega a la azteca) es la de guía de los muertos hacia el otro mundo. Algunas diosas, como Artemisa, tienen sus perros de caza feroces. Pero el perro es más generalmente un animal yang, solar, noble, respetado por su fidelidad y vigilancia; según Plutarca, los perros simbolizan «el principio conservador, vigilante, filosófico de la vida». Son héroes culturales, portadores de fuego y, asociados con Esculapio, sanadores.

Perro o gato, nos acompañan desde que tenemos conciencia como raza de existir.

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