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“Soy quien soy.
Una coincidencia no menos impensable
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Wislawa Symborska

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Dónde viven los ángeles?
12 Oct 2021

Dónde viven los ángeles?

Post by Rowena Hill

El Universal, julio 1997

En varias tradiciones, incluyendo la nuestra – en diferentes formas según las épocas – se concibe una dimensión de la realidad intermedia entre la materia y el vacío, el cuerpo y el espíritu divino. No se trata de la morada de fantasmas, duendecitos o extraterrestres , tampoco de los seres infernales o los antidioses de la tradición budista; todos ellos, si existen, ya son realizaciones, compromisos con la materia, aunque se manifiesten en una dimensión diferente de la que perciben nuestros sentidos. Los seres de la dimensión intermedia son puros, anteriores a la caída en la materia o en la dualidad del yo. Están, sin embargo, compenetrados con nuestro ser.

Esa dimensión, según el budismo tibetano, se llama Samboghakaya, y representa la expresión de la energía que surge de la potencialidad pura (Dharmakaya), antes de su materialización en los fenómenos del mundo en que creemos vivir, el Nirmanakaya. La primera manifestación de esa energía es el sonido (de aquí la importancia de los mantras); y entonces aparece la luz con sus colores. (La conexión con el espectro electromagnético es evidente.) En una persona avanzada en el camino espiritual, la luz y el color pueden manifestarse en visiones detalladas de las multitudes de deidades pacíficas y airadas. El bodhisattva Chenrezig (Avalokiteshvara), figura que simboliza la sabiduría compasiva sin límites y que ayuda a todos los seres sensibles en su despertar, habita esa dimensión virtual.

Esta visión representa al mismo tiempo una historia de la creación y una descripción de los niveles de la realidad en relación con la conciencia humana. Lo mismo se puede decir, aunque se presenta en una forma más conceptualizada y mitificada, de la imagen del universo que tenían los cristianos hasta finales de la Edad Media (imagen que tiene muchos elementos platónicos). Las correspondencias, como también las divergencias, serán evidentes.

Dios vive en el empíreo, más allá de la última de las esferas cósmicas, la de las estrellas fijas, y también es concebido como luz. La Tierra es el centro del mundo sub-lunar, sujeto a desbalances de los elementos y condenado sobre todo a consecuencia de la caída a todos los castigos y dolores imaginables. Después de la caída, por ejemplo, los seres humanos ya no oyen la música  de las esferas (vibraciones cósmicas) hecha por inteligencias angelicales. Las esferas intermedias entre las estrellas fijas y la Luna contienen los cuerpos celestiales (planetas, estrellas) y las diferentes órdenes de ángeles, seres de puro espíritu que ven la cara de Dios y por amor a él cumplen constantemente su voluntad. (Fue el descubrimiento del “yo” en Lucifer que lo condenó.) Son mensajeros de Dios hacia los seres humanos, sus guardianes, manifestaciones de la compasión divina.

En el siglo XX han surgido ideas que de alguna manera repiten el modelo. Los arquetipos de Jung, formas virtuales, son concebidos como existentes en una dimensión intermedia entre cuerpo y espíritu, pero son definibles (según, por ejemplo, el filósofo de la conciencia Ken Wilber) como precipitados de experiencia terrestre más que como esencias espirituales y guías en la evolución hacia el estado de despertar no dual.

Es más fácil, quizás, construir una correspondencia con las visiones tradicionales utilizando la teoría científica de Rupert Sheldrake de los campos mórficos, campos de fuerza no física – algunos mucho más antiguos y estables que otros – que guían todas las cosas en desarrollo (cristales, árboles, fetos, matrimonios, ideas) hacia su forma final. Estos campos también, puesto que existen – inevitablemente, según lo que ahora sabemos del universo – en el tiempo de la evolución, son productos del pasado y sus sucesos, pero no son limitados a la experiencia humana ni de nuestra galaxia. Nacen – no son simples conglomerados sino holons – por obra de una fuerza creativa siempre misteriosa (aquí tendríamos la dimensión espíritu); y rigen la dimensión material.

¿Y los ángeles? No les quedó mucho espacio en sus esferas. Teorías aparte, que nos sigan abriendo los cielos con sus alas.

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